Neuquén, enviado especial.— Un viento constante, pero no molesto, las nubes que atajan los rayos del sol y un terreno lleno de tierra y piedras, piedritas, de las que que se sienten al pisar y sabotean cualquier intento de sigilo. Así es Vaca Muerta. El yacimiento gasífero y petrolífero que, de la mano de YPF, se presenta como el futuro del país y que La Capital visitó, en el marco de un cónclave industrial entre Santa Fe y Neuquén.
La industria de Vaca Muerta no se puede comparar en lo estético con las fábricas que se conocen en Rosario y en toda la provincia. Esos parques productivos llenos de naves industriales, calles internas y oficinas en la misma sede de la empresa no existen. En Neuquén, la industria de los hidrocarburos tiene pozos. Cada pozo está compuesto por habitaciones modulares donde duermen y trabajan los obreros con turnos de 12 horas, caños —muchos caños— en uso y por utilizar, barriles y maquinaria de un porte colosal, como si un Coloso de Rodas celebrara la explotación del terreno.
No hay paredes que cubran los vientos patagónicos ni la cantidad de metros cuadrados explotados, tampoco techos que eviten lluvias o el sol intensos. Ni pensar en tener “vecinos” industriales, ya que la meseta neuquina y la mano del hombre hacen lo suyo y marcan los límites del pozo con terraplenes. Eso sí, cada espacio para estacionar tiene una camioneta 4×4, casi como un estatus que las empresas suelen entregar de a una para cada trabajador. Es una industria a cielo abierto que trabaja a 3 mil metros debajo de la tierra y tiene un potencial que espera alcanzar los 30 millones de dólares de exportación, una cifra similar a la que maneja la principal economía en esa área: el sector agropecuario.
Loma Campana es uno de los 15 pozos que controla YPF en Vaca Muerta. Está ubicado en Añelo, a unos 100 kilómetros de Neuquén capital. Justamente Añelo, que antes fue una de las bases donde Julio Argentino Roca comenzó su campaña por el desierto a fines del siglo XIX, hoy es una de las ciudades más beneficiadas económicamente por Vaca Muerta, tanto por regalías como por el propio derrame —del bueno— en los comercios y desarrollos.
“Lo máximo que estuve fue una semana sin trabajar y porque yo quise”, expresó una joven en un documental internacional sobre Vaca Muerta. En 2025, Neuquén recibió más de 20 mil solicitudes de cambio de residencia a la provincia, es decir, sumaron miles personas que llegaron en busca de “el gran sueño argentino”.
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Gentileza: YPF.
La Capital recorrió el pozo de Loma Campana junto a la comitiva santafesina, integrada por empresarios y funcionarios encabezados por Gustavo Puccini, ministro de Desarrollo Productivo, que viajó a la provincia patagónica para firmar un convenio de asociativismo industrial impulsado por los gobiernos de Santa Fe y Neuquén.
El camino a Vaca Muerta
Para contar la visita a Vaca Muerta hay que hablar del camino. Partiendo de la ciudad de Neuquén, se toma un pequeño tramo por la ruta 7 y luego se da un giro hacia la ruta de circunvalación para evitar un tráfico intenso, para después tomar la ruta 67. Varios kilómetros adelante, un pequeño desvío por la 51 para retomar la ruta 7. Atrás quedaron las casas bajas, shoppings y grandes hoteles: ahora se ven paisajes llenos campos dedicados a las frutas. Manzanas, peras, cerezas y otras tantas le ponen color a un camino que mientras se acerca a Añelo, va tomando un tinte sepia.
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El terreno cerca de Vaca Muerta es árido, con vegetación baja, mesetas pronunciadas, piedras de varios colores (todos cálidos) y algunos cercos. Si pasara una planta rodadora, nadie se sorprendería. Si la descripción necesita más detalle, es idéntica a las imágenes de los primeras temporadas de Breaking Bad, donde la caravana era la base de producción de Walter White y Jesse Pinkman. A donde sea que vaya la mirada, hay trabajo: de obreros de la construcción, bombas para extraer petróleo o fletes con insumos para la construcción o la industria local.
El tránsito fuera de la ruta 7 se ve condicionado por la falta de pavimentación. Los camiones y camionetas 4×4 van a paso de hombre antes de saltar al pavimento y acelerar. Por cada camión que va, cinco están viniendo. Todos atraídos por Vaca Muerta.
Una industria diferente y bajo presión
El pozo de Loma Campana es uno de los tantos que YPF explota en el yacimiento de hidrocarburos. La empresa estatal tiene la mayoría del control de la zona, aunque existen explotadores privados que le pagan regalías al Estado argentino.
Actualmente, Loma Campana se encuentra en una segunda sección, la intermedia que realiza las perforaciones de 3.000 metros vertical primero, luego unos 4.000 metros horizontal, y ya más tarde será el turno de la aislación para la extracción y el envío a las refinerías. Un proceso que tarda, en 2026, unos 215 días (contando las jornadas de construcción del predio considerada la primera sección) debido a la aplicación del método Toyota para optimizar tiempos.
“Si se para la planta 15 minutos, es mucho”, advirtió uno de los trabajadores que encabezó el recorrido. Antes, este trabajo tardaba 312 días y con la mejora corrieron la vara y aspiran a lograr construir, perforar y extraer en 170 días. Todo el proceso es controlado desde oficinas en Puerto Madero, Buenos Aires, con una precisión digna de orfebre. Un fallo puede significar la pérdida de semanas de trabajo y miles de dólares.
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Gentileza: YPF.
En el pozo de Loma Campana todos se visten igual. Las más de 120 personas que participan de cada una de las secciones llevan un mameluco gris, azul y vivos blancos que cubre de cuerpo entero y unas botas especiales para la industria. Un casco blanco ajustable, lentes que pueden ser trasparentes o negros si el sol pega con fuerza y protectores para los oídos. No se distinguen por rango, tarea, estudios o calidad de obrero, con dos salvedades: los más experimentados muestran “rasguños” en sus mamelucos, huellas de los años trabajados. En contraposición, los más nuevos llevan su traje impecable. La segunda diferencia recae en los debutantes dentro del engranaje laboral de Vaca Muerta, que utilizan un casco verde durante unos seis meses como señal de su inexperiencia, así logran que sean guiados y vigilados al mismo tiempo.
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Ese trabajo, además de los estudios geológicos y químicos, tiene un desafío inusual por controlar la presión con la que el gas o petróleo son expulsados a la superficie: si hay mucha presión puede provocar explosiones, aunque si son detectadas a tiempo se realiza un proceso de quema del combustible fósil sin darse daños materiales; si hay poca presión, el combustible fósil no logra llegar a superficie.
Sin embargo, mientras se va vaciando, el yacimiento pierde esa potencia para expulsar el gas y petróleo, entonces las empresas deben impulsar con bombas, “como si fuera la del tanque de agua”, para extraer el combustible fósil. La presión justa de un pozo es de 8.500 a 9.000 PSI (libras-fuerza por pulgada cuadrada), con ese número la extracción puede “funcionar sola” de 2 a 3 años. Controlar esa presión “es un arte”, contó un trabajador de YPF que sigue el día a día de la mano de obra calificada. Para entender esa cifra, una rueda de un auto medio se infla a entre 30 y 35 PSI ¿Y cómo se controla? Inyectando o no agua, arena o químicos, en lo que se llama fracking o fractura hidráulica. Esa técnica rompe la roca de baja permeabilidad y libera con potencia el gas y el petróleo para que sean extraídos.
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Lejos están las grandes extensiones de campo de la pampa húmeda. En Vaca Muerta se puede ver toda la planta con un paneo general, pero como un iceberg. Sólo es la punta de un trabajo a kilómetros de distancia y a comando.
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Gentileza: YPF.
Un poco de historia y el futuro con el plan 4×4
La industria de la minería con Vaca Muerta a la cabeza es un bálsamo dentro de la producción nacional. Una de las pocas que mantiene números positivos. Sólo en Vaca Muerta hay 26 mil m3 de hidrocarburos para explotar y a 13 años de la primera extracción, sólo se aprovechó el 8%. “Eso fue porque no teníamos la cantidad de transporte suficiente para sacar más”, reconoció un geólogo que hace 20 años trabaja en la zona minera de Neuquén.
A pesar de que se conoce hace pocos años, Vaca Muerta fue detectada hace 95 años, en 1931. Se trata de una roca gigante que domina Neuquén, pero llega a Mendoza, Río Negro y La Pampa. Según los investigadores, su origen data de hace 180 millones de años, durante el periodo Jurásico. Se conformó por una inundación con bajo oxígeno que llegó desde el océano Pacífico, cuando aún la Cordillera de los Andes no era tal.
Esa materia orgánica se acumuló y preservó bajo tierra, deviniendo en fósiles. Con el tiempo se compactó bajo sedimentos, la alta presión y temperatura transformó estos fósiles en hidrocarburos, es decir, en la roca madre, alias Vaca Muerta. Ese hidrocarburo compactado es no convencional ya que se encuentra a varios kilómetros de distancia y se debe desarrollar una técnica especial para su aprovechamiento. La diferencia con el gas y petróleo convencional radica en su distancia: mientras que el no convencional está a 3.000 metros bajo tierra, el convencional no supera el kilómetro de distancia y está listo para ser extraído.
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Gentileza: YPF.
Hace más de 100 años los vecinos de Neuquén cerca de la cordillera advirtieron olor a “vaca muerta” y los especialistas eligieron creer que se trataba del petróleo aflorando al ser elevado por la evolución de la Cordillera de los Andes. Por eso explican que el nombre del yacimiento se debe a que, con una vista área, el territorio a explotar tiene forma de una vaca sin vida y tendida en el campo. Esa roca tiene una parte de gas y petróleo que se encontró a menos de 1.000 metros debajo de la tierra.
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En 2011, YPF había consumido la mayor cantidad de gas y petróleo convencional y comenzó a analizar la posibilidad de profundizar las excavaciones y llegar a los combustibles fósiles no convencionales, es decir, gas y petróleo aún adosados a la roca madre que mediante un proceso de extracción permite lograr la materia prima limpia para producir combustible. “Como exprimir una esponja para quitarle el agua”, definió un experimentado ingeniero en petróleo que trabaja dentro de Vaca Muerta.
Vaca Muerta es la segunda reserva mundial de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional del mundo. En 2013 se firmó el primer contrato para su explotación con Chevron, una compañía que aún opera en el país, y desde allí fue reconocida por todos los gobernantes y opositores como la «oportunidad» de Argentina.
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Sólo YPF produce 335 mil barriles de petróleo al día y 17,3 millones m3 de gas diarios. En Loma Campana se producen unos 103 mil barriles por día. Con 15 pozos en su poder, controla el 55% de la producción en Vaca Muerta, conformada por petróleo, gas (seco) y gas well (liquido). Entre todas las compañías, hay alrededor de 30 mil trabajadores dedicados exclusivamente a la minería en Vaca Muerta, aunque esa cifra supo estar, años atrás, en más de 70 mil.
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Hasta 2021, YPF presentaba saldos positivos, a fines de 2023 ya tenía los números emparejados, pero con la llegada del CEO Horacio Marín, en enero de 2024, se aplica el Plan 4×4.
En 2026 logró aportar 15 mil millones de dólares al año en exportaciones y proyectan para 2031 alcanzar los 30 mil millones de dólares al año en exportaciones, una cifra similar a la que maneja el agro sólo con el trigo, el maíz y la soja. Según los cálculos de la empresa, Vaca Muerta tiene el gas suficiente para abastecer a todo el país hasta el 2196.
Las autoridades de YPF sostienen que para fin de año se llegarán a producir 930 mil barriles de petróleo al día, pero su objetivo está clavado en 2028, año en el que apuestan a producir 1.5 millones de barriles de crudo diarios.
