miércoles, 18 marzo, 2026
InicioEspectáculosEl ex bailarín Raúl Candal cuenta cómo es su versión de El...

El ex bailarín Raúl Candal cuenta cómo es su versión de El lago de los cisnes que presenta en el Colón y habla de la sorpresiva ausencia de Marianela Núñez

Este domingo 22 se cierra el ciclo de once funciones de El lago de los cisnes, obra con la que el Ballet del Colón abrió su temporada. Cinco son las bailarinas que interpretan el doble rol del Cisne blanco y el Cisne negro: Ayelén Sánchez, Camila Bocca, Rocío Agüero, Lola Mugica y Romina García Vázquez.

Había, además, dos funciones previstas con la inefable Marianela Núñez, pero una lesión, producto de una caída mientras bailaba Giselle en Londres, la obligó a cancelar estas dos presentaciones.

Vale la pena recordar que Marianela bailó de una manera sublime El lago de los cisnes con el Ballet del Colón en 2023; fue una hermosa versión de Mario Galizzi. Sobre las grandes expectativas producidas por esta nueva visita de Marianela y la no menos grande desilusión posterior hay un abismo.

De hecho, Raúl Candal, autor de este Lago que está presentando el Teatro Colón, dice: “Por supuesto que fue un gran golpe y una desilusión enorme para mí porque tenía grandes expectativas de que ella bailara esta versión mía. Desde sus 14 años hasta que se fue a Londres fui maestro suyo y para mí es una estrella mundial. Hubiera sido maravilloso, pero esta profesión es así y está dentro de las posibilidades de que cosas de este tipo ocurran: una lesión y quedamos afuera”.

El lago de Raúl Candal por dentro

El lago de los cisnes, de Marius Petipa y Lev Ivanov sobre una maravillosa partitura de PI Tchaikovsk, es un ballet imperecedero que ha conocido innumerables versiones y adaptaciones a lo largo de más de un siglo desde su estreno original: San Petersburgo, 1985.

El autor de esta versión es Candal, primer bailarín del Teatro hasta su retiro en 1994 y un muy querido y admirado artista.

Su Lago fue creado en 2007 para la despedida de los escenarios de Julio Bocca. Recuerda: “Ese año yo dirigía el Ballet del Colón y me parecía que Julio no podía despedirse sin él”.

“El Colón estaba cerrado y pensé que podría hacerse en el Luna Park. Llamé a Lino Patalano, su representante: ‘No sé -me dijo-, Julio es muy especial; voy a preguntarle’. Y luego me contestó: ‘Dice que sí, y que lo hace por vos’”.

-¿Y eligieron “El lago de los cisnes”?

-No, le dije a Julio que él eligiera el ballet y yo lo montaba. Pensé que iba a decidirse por Giselle.

-¿Por qué?

-Porque es el más fácil, tanto para él como para hacer el montaje. Pero no, optó por el peor: “El lago de los cisnes”, el más largo y el más complicado. Me propuso que lo acortáramos por varias razones, porque era en el Luna Park, y porque ya no era posible seguir haciendo “esos cuatro actos eternos”. Tenía razón.

-¿Esto ya implicaba, entre otras cosas, unir el primer acto o con el segundo y el tercero con el cuarto, como sucede ahora?

-Sí, y era necesario elaborar la secuencia que los uniera; tuve la suerte de trabajar con un escenógrafo del Teatro Colón, Gastón Jouvert, que hizo una escenografía espectacular.

“Armó, por ejemplo, una ‘fuga’ lateral para el tercer acto; no en el centro como se hace habitualmente -en el Luna Park todo era complicado-, para que entraran los personajes: la reina, las comitivas de las princesas, el Cisne Negro, el brujo Von Rothbart; y esto daba un efecto muy interesante porque aparecían por detrás de los invitados”.

-Raúl, ¿en qué está basada su versión?

-En el original de Marius Petipa y Lev Ivanov. Pero quería darle trascendencia no sólo a Odette y al príncipe Sigfrido, sino a todos los personajes, que todos tuvieran una relevancia.

-Esto es muy visible en el papel de Von Rothbart, el mago que ha hechizado a la princesa Odette haciendo de ella un cisne.

-Agregué variaciones para Von Rothbart y mucha más coreografía al Bufón, porque para mí es el hilo conductor de la obra.

-También le dio mucho peso escénico al personaje de Von Rothbart.

-Es la representación del Mal, por eso tiene que ser muy contundente. Quise hacer de él un hombre transformado en pájaro maligno, y Odette es una fusión entre mujer y ave: se siente atraída como mujer por el príncipe, pero no puede salir del hechizo. Y cada vez que está cerca de Sigfrido siente que Von Rohbart pierde poder sobre ella.

-Al haber pasado de cuatro actos a dos, ¿cómo resolvió las transiciones?

-En el final de lo que habría sido el primer acto, es decir, el cuadro de la fiesta de cumpleaños, agregué una variación nueva y extensa para el príncipe. Esto permite que las damas invitadas al cumpleaños puedan cambiarse como cisnes para la escena que sigue.

-La labor del cuerpo de baile, en particular en las escenas de los cisnes, es muy aplaudida por el público.

-El cuerpo de baile debe tener, para mí, tres condiciones: musicalidad, concentración y conexión entre las bailarinas; si estas tres condiciones están dadas el resultado es excelente, como está ocurriendo en este ciclo.

-¿Qué escenas eliminó?

-Algunas fueron sugeridas por Julio (Bocca). Por ejemplo ahora hay sólo cuatro princesas en vez de cinco en el tercer acto; la princesa rusa, que en la versión de Jack Carter y en otras no estaba acompañada por su comitiva, ya no tenía sentido. Acorté la variación húngara y suprimí el Pas de fiancées que no agregaba demasiado desde el punto de vista argumental.

-¿Y en el primer cuadro? Porque parece que tuviera las mismas variaciones de siempre.

-No, no; ahí no toqué nada.

-Ya contó algo sobre su enfoque respecto de Odette, el Cisne Blanco. ¿Y en cuanto a Odile?

-Es más difícil. Hay bailarinas a las que les cuesta más un rol que el otro, ya sea por temperamento, por estética o por naturaleza. A mí me gusta empezar no por el cuerpo sino por la cabeza.

-¿De qué manera?

-En diciembre pasado, cuando ya estaban elegidas las intérpretes, les pedí que comenzaran a construir, cada una, su propia Odette y su propia Odile. Que se apropiaran de estos personajes y se preguntaran qué querían contar a partir de ellos.

-¿De qué manera buscaron por ejemplo a Odile?

-Les pedí que pensaran en la seducción del Mal, la manera de manipular a alguien para tener más poder. Los poderosos manipulan, te limitan y te hacen entrar en el círculo que ellos manejan. Algo muy actual; Lago está muy vigente.

-¿Lo que les pedía a las bailarinas era que pensaran en esas características y no en la coreografía?

-No. No se trataba de la coreografía. Ellas ya la conocían. Era empezar en la cabeza y después pasarlo al cuerpo.

-¿Y ya en el ensayo?

-Mi pedido era, en el ensayo, que me mostraran qué estaban sintiendo en cada momento. La danza es movimiento con contenido. Si no lo tiene es pura técnica, algo que se olvida pronto. Hay espectadores que vienen a contar cuántas piruetas hizo la bailarina. Pero lo esencial es que vean a una artista que cuenta un cuento a través del movimiento. Aunque como decía Otto Werberg (un gran maestro de la danza moderna en la Argentina), de quien fui muy amigo: “un maestro es como una partera: si no hay nada adentro, no puede sacar nada afuera”.

Y en cuanto a la ausencia de Marianela esta vez, considera que “a lo mejor es el destino: tal vez Romina García Vázquez, la bailarina que hará las funciones de Marianela, tendrá la oportunidad de convertirse en una gran bailarina”.

Info

Ultimas cuatro funciones de El lago de los cisnes: jueves, viernes y sábado a las 20, domingo a las 17. Teatro Colón, Libertad 621.

Más Noticias